LOS GOTICOS Y LA SALUD MENTAL

Prólogo personal: vivir con la mente en sombra

No escribo esto desde la teoría ni desde la distancia cómoda del análisis de psiquiatras en internet. Lo escribo desde un cuerpo que ha aprendido a funcionar mientras la mente se fragmenta, se acelera o se hunde, sobre todo que se acelera. 
Convivo con depresión (ahora es mas ocasional que constante, ansiedad (eso si todo el tiempo y ahora en mi adultez con el TDAH). No como etiquetas decorativas, sino como presencias constantes que moldean mis días, mis silencios y mis rutinas. Ser ama de casa no me exime del ruido mental; ser madre no apaga los pensamientos intrusivos; amar no cura los desequilibrios químicos ni las heridas antiguas, ser funcional no apaga mi cerebro lleno de ideas.

Durante años aprendí a disimular: A ser funcional, a cumplir, aunque sigo incumpliendo, y fue precisamente en la subcultura gótica donde encontré algo que no había hallado en otros espacios: permiso para no fingir, para aceptar que la mente no siempre coopera, para existir sin pedir disculpas por sentir demasiado, por amar rápido, por ser intensa. 
Desde ahí escribo. Desde la experiencia vivida, no romantizada. Desde la lucidez que da sobrevivir.

SALUD MENTAL NADA SALUDABLE EN EPOCAS PASADAS
Una herencia oscura desde la melancolía victoriana hasta la lucidez contemporánea
Hay una pregunta que se repite, a veces en voz alta, a veces despacio cargado de prejuicio:
¿Por qué los góticos parecen tan obsesionados con la tristeza, la muerte y el dolor? La respuesta corta incomoda. La larga, la verdadera, exige historia, memoria y honestidad y eso es también incomodo de escuchar. Porque lo gótico no nació de la nada, ni de una moda adolescente, ni de un capricho estético.
Nació allí donde la mente humana se volvió demasiado consciente… y el mundo hasta hoy, no sabe qué hacer con eso.

Cuando la tristeza no era un diagnóstico, sino un recurso para crear
En la era victoriana, la palabra melancolía no era ni una patología probada. Era una forma de estar en el mundo. La muerte convivía con los vivos, el duelo se vestía durante años y el dolor no se escondía bajo sonrisas funcionales.

EDGAR ALLAN POE
Edgar Allan Poe no escribió sobre la muerte porque le resultara fascinante, sino porque la conocía íntimamente: perdió a su madre, a su esposa, vivió con depresión, adicciones y una sensación constante de desarraigo. Poe en muchas oportunidades fue tildado de loco, de degenerado, de vicioso, de desadaptado, pero la realidad fue otra; su vida estuvo marcada por desbalances mentales, que lo hacían muchas veces actuar de modo poco común y que lo llevaron a sus excesos y de pronto a sus adicciones, pero también fueron la fuente de inspiración de sus escritos. Estuvo sumido por largo tiempo, en una profunda depresión del cual nunca pudo salir.


«Los hombres me han llamado loco; pero todavía no se ha resuelto la cuestión de si la locura es o no la forma más elevada de la inteligencia, si mucho de lo glorioso, si todo lo profundo, no surgen de una enfermedad del pensamiento, de estados de ánimo exaltados a expensas del intelecto general. Aquellos que sueñan de día conocen muchas cosas que escapan a los que sueñan sólo de noche.»

Eleonora. [Fragmento]
Cuento de Edgar Allan Poe

EMILY DICKINSON
Emily Dickinson se aisló del mundo exterior, no por misantropía, sino por ansiedad, hipersensibilidad y una mente que procesaba la existencia con una intensidad insoportable para la vida social de su época.
Desde que su sobrino Gib murió en octubre de 1883 y ella sufrió una consiguiente "postración nerviosa", Dickinson se convirtió en lo que su hermana denominó "delicada". En dos ocasiones posteriores sufrió "apagones" y estuvo confinada en cama durante los siete meses previos a su muerte. Durante la década de 1880, Dickinson también sufrió la pérdida de varios amigos cercanos: Charles Wadsworth, el juez Otis P. Lord y Helen Hunt Jackson y varios miembros de la familia, incluyendo a Gib y su madre.



MARY SHELLEY
Mary Shelley escribió Frankenstein tras pérdidas sucesivas, 4 abortos, muerte de su esposo, culpa y una tristeza que impregnó toda su obra. A lo largo de su vida adulta, Mary se apoyó en la escritura para ayudarla a luchar contra la depresión. No solo era una ávida lectora de diarios, sino que también escribió siete novelas: Frankenstein, Mathilda, Valperga, El último hombre, Las fortunas de Perkin Warbeck, Lode y Falkner. 
En ese entonces no se hablaba de trastornos, se decía que estas personas tenían un alma sensible y a pesar de ello, es uno de los pilares fundacionales de lo que hoy reconocemos como espíritu gótico.



VINCENT VAN GOGH
Vincent van Gogh no fue solo un genio incomprendido; fue un hombre atravesado por crisis emocionales severas, episodios psicóticos y una soledad devastadora. Como se mencionó antes Van Gogh padeció múltiples episodios psicóticos durante su vida; presentó alucinaciones auditivas y visuales mencionadas por él mismo al escribirle a su hermano.

Diagnosticar a un paciente que lleva décadas muerto es una tarea complicada. Sin embargo, hay muchas teorías sobre qué enfermedades padecía Van Gogh.
Han circulado muchas teorías diferentes sobre el diagnóstico psiquiátrico exacto del artista en los años previos a su suicidio, pero una de las más convincentes es que Van Gogh tenía trastorno bipolar.
Esta teoría fue originalmente expuesta en un libro alemán de 1938, pero un estudio de 2020 realizado por académicos holandeses (al frente de este grupo estuvo el profesor jubilado de Psiquiatría Willem Nolen, de la Universidad de Groningen en los Países Bajos), se propuso resolver esta especulación utilizando cientos de sus cartas como evidencia. (6 volúmenes, casi mil cartas).

La conclusión fue que Van Gogh había desarrollado trastorno bipolar, con rasgos de trastorno de personalidad límite (TLP), y que "probablemente empeoró debido al consumo de alcohol combinado con desnutrición".



ANTONIN ARTAUD
Antoine Marie Joseph Artaud (Marsella; 4 de septiembre de 1896-Ivry-sur-Seine; 4 de marzo de 1948), conocido como Antonin Artaud, fue un poeta, dramaturgo, ensayista, novelista, director escénico y actor francés. Artaud convirtió su sufrimiento psíquico en una denuncia feroz contra un sistema que pretendía curar silenciando. El escritor padeció a lo largo de su vida varias crisis depresivas, episodios de paranoia y delirios alucinatorios, acompañados de fuertes dolores y ofuscación, por lo que sería internado en distintas instituciones mentales durante largos periodos de tiempo, en las cuales llegó a experimentar las técnicas mas horrendas de corrección clínica que se conoció en el siglo pasado: descargas eléctricas, privación de libertad e ingestión de fármacos de todo tipo, entre otras vejaciones médicas que despertarían la ira de sus escritos. Si algo nos enseña la rebelión de Artaud es que el loco tiene mucho que decir ante cualquier intento por domesticarlo y transformarlo en esa época donde la terapia que ofrecían era peor que el trastorno. 
Aquí ocurre algo clave: la sociedad empieza a temer a las mentes que no pueden o no quieren adaptarse.
Y todo lo que no se puede controlar… se estigmatiza.



Cuando sentir demasiado se volvió peligroso
Con el avance de la psiquiatría moderna, la sociedad comenzó a clasificar lo que antes contemplaba de manera pasiva y con desinterés. Ponerle nombre al sufrimiento era necesario, pero también fue el inicio de las injusticias, prejuicios y del encierro no solo simbólico, fue la época donde la depresión no era solo la tristeza profunda, sino también se pasó al señalamiento por ser una persona fallada o rota. 

La ansiedad dejó de ser alerta constante y pasó a ser un “desorden” y un problema, y no para la persona que lo sufría sino era una incomodidad para los que estaban cerca de la persona ansiosa. 
La introspección dejó de ser virtud y pasó a ser sospecha, cualquiera podía ser condenado de tener una enfermedad mental y es allí donde llega lo peligroso. 

El gótico como lenguaje, no como enfermedad.
Cuando la subcultura gótica emerge en el siglo XX, lo hace como respuesta a una cultura que exige productividad, alegría constante y adaptación forzada.

IAN CURTIS
Ian Curtis cantó la depresión, la desconexión, la epilepsia y el colapso emocional sin adornos.
Joy Division no sonaba triste por estética, sino por verdad. 
El 18 de mayo de 1980, el artista británico, Ian Curtis, partía de este mundo con tan solo 23 años a puertas de una de las primeras giras más grandes a las que se enfrentaría junto a la banda de post-punk inglesa a la que pertenecía, Joy Division. No era la primera vez que Curtis atentaba contra su vida. Un mes antes había intentado acabarlo todo en dos ocasiones con autolesiones y sobredosis de medicamentos. Su muerte fue el resultado de complicaciones de salud, depresión, adicción al alcohol, al tabaco, problemas sentimentales con su pareja del momento y la temprana paternidad. (Rolling Stone, 20 de mayo 2022).



SIOUXSIE SIOUX
Siouxsie (Susan Janet Ballion) era también una mujer temible de muy pocas pulgas y con una tendencia importante al enfado. No tenía reparos en mandar al quinto infierno y a las primeras de cambio a productores, disqueras, entrevistadores o compañeros de banda. Su capacidad de tolerancia la tenía reservada básicamente para tres compañeros: Steven Severin (su bajista, su aliado musical, su primer novio), Peter Edward Clarke, mejor conocido como Budgie (su baterista y el amor de su vida, con quien estuvo casada por quince años y formaría su proyecto musical alterno: The Creatures) y cierto joven guitarrista pálido y de pelos parados al que convertiría en Banshee, sacado del grupo telonero que le abría los conciertos a Siouxsie en su gira, un tal Robert Smith, líder de The Cure. (Web Prodavinci 04/11/2023).


Robert Smith, Bauhaus, The Cure, Sisters of Mercy… pusieron voz a lo que no cabía en discursos optimistas.
La subcultura gótica no creó la enfermedad mental, creó un espacio donde hablar de ella sin vergüenza.
Y eso para una sociedad que prefiere la negación, siempre ha sido profundamente perturbador, y el prejuicio persistente durante años se ha repetido la misma narrativa simplista:
“Los góticos están deprimidos.”
“Los góticos romantizan el suicidio.”
“Los góticos atraen gente inestable.”

Pero la realidad es menos cómoda:
Las personas con depresión existen en todos los estilos de vida, religiones, estratos sociales, 
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se calcula que la depresión y otras afecciones mentales, afecta a más de 300 millones de personas en el mundo, eso quiere decir que la ansiedad, depresión y otras más, no distingue colores de ropa. El trauma no pregunta qué música escuchas, puedes escuchar la música más alegre, movida y bulliciosa, pero todo lo que sientes seguirá allí en tu mente, en el alma.
Lo que sí distingue a la subcultura gótica es que no exige fingir bienestar para ser aceptado, todos nos aceptamos. Aquí no hay obligación de sonreír, no hay culto a la positividad tóxica, no hay vergüenza en admitir cansancio, tristeza o vacío. Eso no es patología. Eso se llama honestidad emocional.

La actualidad: vivir, criar, amar con una mente sensible:
Hoy, el gótico ya no es solo el club, el concierto o la noche, también es manejar la casa, la maternidad, el trabajo; es allí cuando el cuerpo se cansa y la mente a veces o frecuentemente se quiebra.
Podemos ser ama de casa, madre, pareja responsable y seguir cargando ansiedad, episodios depresivos, pensamientos intrusivos, cansancio existencial. La diferencia es que desde lo gótico no se romantiza el colapso, pero tampoco se niega, nosotros lo hablamos, lo escribimos y lo transformamos en un ritual cotidiano, en estética con identidad propia. Negar la oscuridad nunca la hará desaparecer, solo la vuelve más peligrosa.

CONCLUSION:  NO SOMOS UNA SUBCULTURA ENFERMA.
Desde la melancolía victoriana hasta el presente, lo gótico ha sido refugio de mentes que sienten con intensidad, que piensan demasiado, que no encajan en moldes de felicidad prefabricada, no somos más frágiles que el resto. Somos más conscientes, y quizá eso esa lucidez que no se anestesia, la aceptación a lo inevitable, a lo real, sea lo que realmente incomoda. Y si eso nos vuelve incómodos…entonces estamos haciendo algo bien.

Vestimos de negro no porque amemos la muerte, sino porque conocemos el duelo. 
Hablamos de salud mental no porque esté de moda, sino porque callarla siempre fue más letal y para desmentir lo que dicen de la subcultura gótica: 
Los jóvenes son más propensos a deprimirse si son góticos. 
Fans de la música gótica son propensos a la depresión.












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