Carta de Edgar Allan Poe a Helen Whitman (fragmento):
He apretado tu carta una y otra vez contra mis labios, dulcísima Helen, bañado en lágrimas de alegría, o de una "divina desesperación". Pero yo, quien tardíamente, en tu presencia, alardeaba sobre el "poder de las palabras" ¿de qué me sirven ahora? Yo puedo creer en la eficacia de las plegarias al Dios de los Cielos, yo puedo efectivamente arrodillarme humildemente, arrodillarme en esta la más formal época de mi vida suplicando de rodillas por palabras, pero las palabras que pueda revelarte, más valen que me permitan yacer desnudo junto a ti, mi entero corazón. Todos los pensamientos, todas las pasiones, parecen ahora mezcladas en este único deseo que me consume.
En 1848 Poe se comprometió con Sarah Helen Whitman, pero el compromiso se rompió por los problemas de él con la bebida.
Carta de Dostoievski a Anna Grigorievna
Homburg, 24 de mayo de 1867.
Ania querida,
amiga mía, esposa mía, perdóname y no me llames canalla. He cometido un
crimen: lo perdí todo; todo lo que me enviaste, todo, hasta el último
kreuzer. Ayer lo recibí y ayer mismo lo perdí. Ania, ¿cómo voy a poder mirarte ahora?
¿Qué
vas a decir de mí? Una sola cosa me horroriza: qué vas a decir, qué vas
a pensar de mí. Sólo tu opinión me asusta. ¿Podrás respetarme todavía?
¿Vas a respetarme todavía?
¡Qué es el amor cuando no hay respeto! El juego es lo que siempre ha
perturbado nuestro matrimonio.
Ah, amiga mía, no me culpes
definitivamente. Odio el juego, no solamente ahora, ayer también,
anteayer también lo maldije; cuando recibí ayer el dinero y cambié la
letra fui con la idea de desquitar aunque fuera un poco, de aumentar
aunque sólo fuera mínimamente nuestros recursos. Tenía tanta confianza
en ganar algo... Al principio perdí muy poco, pero cuando comencé a
perder, sentía deseos de desquitar lo perdido y cuando perdí aun más, ya
fue forzoso seguir jugando para recuperar aunque sólo fuera el dinero
necesario para mi partida, pero también eso lo perdí. Ania, no te pido
que te apiades de mí, preferiría que fueras imparcial, pero tengo mucho
miedo a tu juicio. Por mí no tengo miedo. Al contrario, ahora, ahora
después de esta lección, de repente me sentí perfectamente tranquilo
respecto de mi futuro. De hoy en adelante voy a trabajar, voy a trabajar
y voy a demostrar de qué soy capaz. Ignoro cómo se presenten las
circunstancias en adelante, pero ahora Katkóv no rehusará. En adelante
todo dependerá de los méritos de mi trabajo. Si es bueno, habrá dinero.
Oh, si sólo se tratara de mí, ni siquiera pensaría en todo esto, me
reiría, no le prestaría ninguna atención y me marcharía. Pero tú no
dejarás de emitir tu juicio sobre lo que he hecho y esto es lo que me
preocupa y me atormenta. Ania, si tan sólo pudiera conservar tu amor...
En nuestras circunstancias ya de por sí difíciles he gastado en este
viaje a Hamburgo más de mil francos, es decir, alrededor de 350 rublos.
¡Es criminal!
No los gasté por falta de seriedad, ni por avaricia; no los gasté para mí. ¡Mis objetivos eran otros! Pero
no tiene sentido justificarse ahora. Ahora debo reunirme cuanto antes
contigo. Mándame lo más pronto posible, ahora mismo, dinero suficiente
para poder salir de aquí, aunque sea lo último que quede. No puedo
quedarme por más tiempo en este lugar, no quiero estar aquí. Quiero
estar contigo, sólo contigo, quiero abrazarte. Me vas a abrazar, vas a
besarme ¿no es cierto? Si no fuera por este clima detestable, por este
clima húmedo y frío, me habría mudado ayer, por lo menos a Frankfurt, y
entonces no habría sucedido nada, no habría jugado. Pero el clima es muy
malo y con mis dientes y mi tos no pude moverme de aquí, pues me
aterraba la idea de viajar toda la noche con este abrigo tan ligero. Era
imposible, era correr el riesgo de contraer alguna enfermedad. Pero
ahora tampoco ante eso me detendré.
En cuanto recibas esta carta envíame
diez imperiales (como con la letra de cambio Robert Thore, no son
necesarios los imperiales en sí, sino simplemente un Anweisung; como la
vez pasada). Diez imperiales, es decir noventa y tantos florines para
pagar mis deudas y poder partir. Hoy es sábado, recibiré el dinero el
domingo y ese mismo día me iré a Frankfurt, ahí tornaré el Schnellzug y
el lunes estaré contigo.
Ángel mío, no pienses que también esto
voy a perderlo. No me humilles a tal punto. No pienses de mí tan mal.
¡Yo también soy un ser humano! También en mí hay algo de humano. No se
te ocurra de ninguna manera, si no me crees, venir a reunirte conmigo.
Tu desconfianza en que voy a llegar me aniquila. Te doy mi palabra de
honor de que partiré inmediatamente sin que nada pueda detenerme, ni
siquiera la lluvia o el frío. Te abrazo y te beso. Qué pensarás ahora de
mí... Ah, si pudiera verte en el momento en que leas esta carta.
Tuyo, F. Dostoievski
P.S.
Ángel mío, por mí no te preocupes. Te repito que si sólo se tratara de
mí, me reiría y no haría el menor caso. Tú, tu juicio es lo que me
atormenta. Es lo único que me causa dolor. Y yo... cuánto daño te he
hecho. Adiós.
Ah, si pudiera ir ahora mismo a reunirme contigo, si pudiéramos estar juntos algo se nos ocurriría.
Cartas de Oscar Wilde a Lord Alfred Douglas:
Wilde hace alusión a un soneto que Douglas le había enviado. El joven lord le
inspira las más bellas frases de amor. La carta la escribió a los dos
años después de haberse conocido.
Tu
soneto es absolutamente delicioso, y es una maravilla que esos labios
tuyos, rojos como pétalos de rosa, hayan sido hechos tanto para la
musica o el canto, como para la locura de los besos. Tu alma delgada y
áurea camina entre la pasión y la poesía. Sé que Jacinto, al que Apolo
tan locamente amó, fuiste tú en los días griegos.
¿Por qué estás
solo en Londres? ¿Cuándo vas a Salisbury? Vé allí y refresca tus manos
en la grisácea luz de las cosas góticas, y vuelve aquí cuando quieras.
Este es un lugar adorable; sólo faltas tú, pero vé a Salisbury primero.
Con imperecedero amor, siempre tuyo
...........................................
Douglas
era muy dado a hacer escenas en público, algo que perturbaba
tremendamente al escritor. Wilde le escribió esta carta en el Savoy
Hotel de Londres.
Marzo, 1893
El más querido de todos los muchachos,
Tu
carta era deliciosa, vino rojo y amarillo para mí; pero estoy
descontento y triste. Bosie, no debes hacerme escenas. Me matan,
destruyen la hermosura de la vida. No puedo verte tan griego y grácil,
desfigurado de furor. No puedo oírte decir, con los labios torcidos,
cosas abominables contra mí. Preferiría ser chantajeado por todos los
chulos de Londres a verte amargo, injusto, odiando. Necesito verte
enseguida. Tú eres lo divino que deseo, y lo encantador y lo bello; pero
no sé cómo hacerlo. ¿Debo ir a Salisbury?
....................................................................................................................
Aquí le escribe desde el Club New Travellers.
Julio, 1894
Realmente
es absurdo, pero no puedo vivir sin ti. ¡Eres tan deseable, tan
maravilloso! Pienso en ti durante todo el día, y echo de menos tu
encanto, tu adolescente belleza, la brillante espalda de tu ingenio, la
delicada fantasía de tu talento, tan sorprendente siempre en sus
repentinos vuelos, cual golondrina, hacia el norte o el sur, hacia el
sol o la luna –y sobre todo, a ti mismo-. Lo único que me consuela es lo
que la Sibila* de Mortimer Street (a quien los mortales llaman Mrs.
Robinson) me ha dicho. Podría descreerla, pero no quiero, y sé así que a
principios de enero tú y yo haremos juntos un largo viaje, y también
que tu preciosa vida irá siempre mano a mano con la mía. Mi querido y
maravilloso muchacho, espero que te encuentres radiante y feliz. (…)
Londres
es un desierto sin tus delicados pies, y todos los ojales se han puesto
de luto: ortigas y cardos “es lo único que debiera llevarse”. Escríbeme
unas líneas, y recibe todo mi amor – ahora y siempre-.
Siempre y con devoción. Pero no tengo palabras para decirte cuánto te quiero.
*La Sibila, una pitonisa de aquella época, anunció el futuro de la pareja, pero sólo en parte.
..................................................................................................................
En
verano de 1894, Wilde se retiró a su casa de Worthing con su familia.
Lord Alfred llegó y pasaron unos días con unos jóvenes amigos. Una vez
que Bosie se fue, Wilde le envió esta carta:
No
estoy haciendo nada aquí, salvo bañarme y escribir teatro. Mi obra es
realmente muy divertida, estoy totalmente encandilado con ella. (…)
Percy
se marchó un día después que tú. Habló mucho de ti. Alphonse goza
todavía de favor. El es mi único compañero, además de Stephen. (…)
Querido,
querido muchacho, eres para mí más de lo que nadie piensa; eres la
atmósfera de la belleza a través de la cual veo la vida; eres la
encarnación de todas las cosas amables. Cuando no estamos en armonía,
los colores huyen para mí de las cosas, pero en realidad nunca estamos
sin armonía, pienso en ti día y noche.
........................................................................................................................
El
comienzo de la caida en desgracia de Wilde empieza cuando fue
encarcelado por sus relaciones con Lord Alfred. La siguiente carta la
escribió la primera noche que durmió en la cárcel.
29 de abril de 1895
Esta
carta es para garantizarte mi inmortal, mi eterno amor. Mañana todo
habrá concluido. Si prisión y deshonor son mi destino, piensa que mi
amor por ti y esta idea, esta aún más divina fe, de que me amas
recíprocamente, me sostendrán en mi desgracia y me harán capaz, espero,
de soportar mi aflicción con más paciencia. Puesto que la esperanza, o
mejor aún, la certeza, de encontrarte de nuevo en alguna parte es la
meta y el estímulo de mi vida presente, ¡ah!, debo continuar viviendo en
este mundo precisamente por eso. (…) No te expongas solo a Inglaterra
por ninguna razón, sea la que fuere. Si un día en Corfú o un una isla
encantada, hay una casita en la que podamos vivir juntos, ¡oh!, la vida
sería más dulce de lo que nunca ha sido. Tu amor ha abierto las alas y
es firme, tu amor viene a mí atravesando los barrotes de mi prisión y me
conforta, tu amor es la luz de todas mis horas. (…)
.............................................................................................................................
Vuelve a escribir una conmovedora carta a su "niño", ensalzando su amor inmortal:
20 mayo de 1895
Niño mío,
Hoy
aguardamos los veredictos, (…) mi dulce rosa, mi delicada flor, mi
lirio de los lirios, será a buen seguro en la prisión donde tendré que
probar el poder del amor. Veré si puedo convertir en dulces las aguas
amargas con la intensidad del amor que te tengo. Hubo momentos en los
que pensé que hubiera sido más sabio separarnos. ¡Ah, momentos de
debilidad y de locura! Veo ahora que ello habría mutilado mi vida,
arruinado mi arte, roto lo acodes musicales que forman un alma perfecta.
Aunque cubierto de fango, te enalteceré, te llamaré desde los más
profundos abismos. En mi soledad estarás conmigo.
Te quiero, te
quiero, mi corazón es una rosa a la que tu amor ha hecho florecer, mi
vida es un desierto aventado por la brisa deliciosa de tu aliento, cuyos
refrescantes manantiales son tus ojos; las huellas de tus pequeños pies
forman para mí valles de sombra, el aroma de tu pelo es cual mirra, y
donde quiera que vayas exhalas el perfume del árbol de la casia.
Quiéreme siempre, quiéreme siempre. Has sido el supremo, el perfecto amor de mi vida; no podrá haber ningún otro (…)
.............................................................................................................................
Al
cabo de dos años, Wilde (o lo que quedaba de él) salió de la cárcel,
traicionado, abandonado y sacrificado. Lord Alfred llamó de nuevo a su
puerta. Wilde no se dejó tentar, pero como él explicó a su amigo Harris,
estaba demasiado solo, demasiado triste y desvalido, cómo iba a
renunciar a la llamada del amor. Así que terminó cediendo a las súplicas
de Bosie y se reunieron en Rouen-
16 de junio ¿Año?
Mi querido muchacho,
Estoy
trastornado con la idea de que no recibes mis cartas, porque esté mal
el correo o algo parecido. Me figuro que todo es absurdo, pero tus tres
últimas cartas fechadas el 10, 11 y 12 (y considerando que estamos a 16)
no responden a lo que te pregunto, en especial a lo tocante a nuestro
encuentro.
Te había pedido que vinieras el sábado. Tengo un traje de baño para ti (…)
..............................................................................................................................
La
última carta dirigida a Douglas que se conserva, la escribió en un
café, el Suisse, de Dieppe, lugar donde solía acudir a pasar las horas
muertas, solo.
31 de agosto de 1897
Recibí
tu carta hace media hora, y te mando ya unas líneas para decirte que sé
que mi sola esperanza de volver a hacer una hermosa labor en arte es
estar contigo. (…)
Están todos furiosos porque he vuelto a ti, pero
no nos comprenden. Sé que sólo contigo podré hacer algo. Rehaz para mí
mi vida arruinada, y nuestra amistad y amor tendrán así un significado
diferente para el mundo.
Hubiera deseado que al encontrarnos en
Rouen, no hubiéramos vuelto a separarnos. Hay ahora anchos abismos de
espacio y tiempo entre nosotros. Pero nos amamos mudamente, buenas
noches, querido.
Siempre tuyo,
Oscar
En
septiembre de ese año viajaron juntos a Nápoles, pero nada de lo dicho y
prometido por Douglas se cumplió. Cuando Wilde se quedó sin dinero, el
frívolo e incorregible lord le abandonó. Esta segunda traición fue el
golpe de gracia: ya no se volvería a reponer.
Oscar
Wilde se enamora de Alfred Douglas, un joven aristócrata escocés,
conocido como Bosie, quien sería el más grande amor de su vida. Pero la
familia de Albert se enfrenta a Óscar, acusándole de sodomía, lo que le
llevaría en 1895 a ingresar en diferentes cárceles, terminando en la
Carcel de Reading. Nadie entendía este amor. La mente envilecida de un
juez anquilosado en lo pretérito y obsesionado con una ética dudosa,
pudo más que la razón y la verdad esgrimidas. Sufrió tres años de
presidio. Arruinado espiritualmente, pasó el resto de su vida en París,
bajo el nombre falso de Sebastian Melmoth.
Cartas pertenecientes
al libro "Cartas de amor salvaje(s)", de Paula Izquierdo. Grupo
Santillana de Ediciones, S.A. Ediciones El País.
Comentarios
hermosas cartas !! en especial la segunda me a encantado =)