BELA LUGOSI, OH SI¡
OLDIES (Viejunos)
Cada día somos más perros, eso es indudable. ¿Para qué comprar un CD pudiendo descargarlo? ¿Para qué ir al cine si en el Emule está todo lo que necesitas? Pero hay gente que vivió, vive, y vivirá de la música y el cine mientras se pueda. Esta no va a ser una charla contra la piratería, sino un pequeño homenaje a un hombre que, como muchos, vivió del cine. Se trata de Bela Lugosi, desconocido para muchos, a pesar de ser toda una leyenda. A ti que lees esto, te propongo un pequeño reto: ponte a ver uno de los grandes clásicos del cine, Drácula, de Tod Browning, con Lugosi de protagonista. Sí, vale, es de 1931 y en blanco y negro… pero antes de negarte, haz un esfuerzo; es como las lentejas: te las tragas sí o sí, y si quieres luego te quejas (sí, esa es la realidad de casi todas las legumbres). Lo dicho, vamos a ver quién era este individuo…

Bel Ferenc Dezso Blasko, que así se llamaba en realidad, nació el 20 de octubre de 1882 en Lugos, Transilvania (Imperio Austrohúngaro antes, Rumanía hoy). Era el pequeño de la casa, frente a sus tres hermanos mayores. Su padre era un banquero al que le sobraba la pasta, así que no tuvo problemas en el ámbito económico, hasta que el viejo murió cuando Bela tenía 12 años, obligándole al chico a ir buscando trabajito. Estudió arte dramático en Budapest, trabajando mientras en lo que podía (la mina, el ferrocarril…) hasta que uno de sus hermanos, su hermana más concretamente, pudo introducirlo en el mundo del teatro, donde interpretaba sobre todo obras de Shakespeare. Bela le ponía muchísimo empeño y se esforzaba por mejorar cada día; estaba claro que la interpretación era su vocación. Así, paso a paso, consiguió que su nombre fuera aclamado en teatros de grandes ciudades. Pero el verdadero éxito le llegaría más tarde con el cine.
Aunque por desgracia, la I Guerra Mundial tuvo lugar, y Bela se alistó voluntario en el ejército. Se hizo teniente de infantería, lo cual supuso un pequeño parón en su carrera. Para bien o para mal, fue herido en una pierna y tuvo que dejarlo, volviendo así al mundo del teatro y el cine. Por aquellos años fundó el sindicato de actores, y se casó con Ilona Szmik, con la que no duró más de tres años.
Lugosi era de izquierdas, y participaba activamente en la política. Esto le trajo problemas y se exilió primero a Alemania, meca del cine de la época, y dos años más tarde a Estados Unidos. En Alemania hizo unas 11 películas. Esto no es nada sabiendo el número total de películas en las que ha participado anda por las 86. En su llegada a E.E.U.U. no tuvo tanta suerte, al menos al principio, ya que tuvo que recorrer ciudades como Nueva Orleans y Nueva York buscando trabajo, pero lo consiguió, cómo no, en Hollywood. Allí se cambió de apellido a “Lugossy” (que luego derivó a Lugosi), en homenaje a su ciudad natal, aunque en algunos de sus trabajos podemos verlo bajo el seudónimo de Arisztid Olt.
Y aquí, en Estados Unidos, es donde entran los vampiros: interpreta al conde Drácula en el teatro de Broadway, versión fiel a la novela de Bram Stoker. Las giras que hizo representando este papel llamaron la atención de los cineastas que planeaban adaptar la obra al cine, allá por 1931, ya que el primer candidato al papel principal, Lon Chaney, falleció. ¿Quién mejor que él para hacer de Drácula en el cine, personaje con el que había trabajado durante años en el teatro? La película fue todo un taquillazo, el mayor éxito de su carrera. Es aquí donde se empieza a reconocer que el actor es realmente grande. Lo malo fue lo que vino después. El pobre fue encasillado en este tipo de papeles, y sólo lo llamaban para hacer de monstruo. E incluso le propusieron hacer de Frankenstein (popularmente el nombre del monstruo, aunque en realidad sea el del doctor) en El doctor Frankenstein, pero lo rechazó porque el papel no tenía diálogo y el maquillaje lo hacía irreconocible al público (que tenía el ego muy subido, dicho claramente). No sólo se lo tenía muy creído, sino que además el público le empujaba a ello. Un ejemplo: la película basada en el cuento de Poe, Doble asesinato en la calle Morgue (1932). Fue malísima, pero como salía Lugosi, pues el público contento.
Aún así, no se puede ser demasiado exigente con los papeles, y si hay que hacer de bicho feo, pues se hace, así que ahí lo tenemos haciendo de Frankenstein, el papel que rechazó, pero esta vez para el film Frankenstein Meets the Wolf Man, y de Ygor (el jorobado ayudante del doctor) en otras dos secuelas. Las películas de terror estaban en auge, y la Universal era la mayor productora, con la Hammer en segundo puesto, así que se aprovecharon de cada idea que funcionaba y le hacía más secuelas. De ahí tenemos a Drácula, El hijo de Drácula, Las novias de Drácula, Drácula conoce al Hombre Lobo, y un largo etc. que cada vez se hacía más cargante.

Pero no pensemos que Lugosi era el único grande de la época. Estaba por otro lado el inglés Boris Karloff, que iba por el mismo camino. Historiadores del cine han investigado a ver qué tal se llevaban estos dos, pero no han sacado muchas cosas en claro… Es posible que en un tiempo fueran amigos, pero más probable es aún que surgiera la envidia y la rivalidad por ver quién tiene más caché y gana más perrillas.
No lo vamos a poner de vuelta y media, que cada cual tiene sus defectillos. También supo sacar a delante películas que en principio iban a ser bastante mediocres, pero que gracias a su talento se convirtieron en clásicos, como White Zombie, ¡primera peli de zombies! En ella hacía de hechicero que convertía a la gente en muertos vivientes (no, esta vez no hacía de bicho).
Los años 30 fueron la década dorada del cine de terror, y con sus exitosas películas, Lugosi se fue a lo más alto, con las estrellas. Lo típico: noviazgos fugaces con actrices populares, fiestas elegantes (¿quién ha invitado a ese tío?), tuvo un hijo en el 36 al que llamó Bela Jr., matrimonios que duraban semanas… Pero todo lo bueno se acaba. Las películas de vampiritos y zombies pasaron de moda, y siguiendo la ley de renovarse o morir, el actor no pudo adaptarse… He ahí la decadencia. Cada vez lo llamaban menos para contratarlo, y si lo hacían era para largometrajes de bajo presupuesto, o con papeles secundarios (Karloff le arrebató algún que otro papel principal, ¿no es pa’ pegarle?). En definitiva, una birria de trabajos. Esto, sumado a que la gente lo seguía identificando con Drácula (cosa que ya lo tenía hasta las narices), la herida de su pierna desde la guerra y los dolores de espalda… Lo hicieron adicto a la morfina y al alcohol. Tuvo que ser, incluso, internado en el hospital metropolitano de Los Ángeles por sus adicciones. Y no sólo eso… También se le cruzaron bastante los cables, y él mismo se creía la reencarnación de Drácula. Sí, has leído bien; tanto Drácula por aquí y por allá que se lo terminó creyendo él mismo. Vestía con capa y dormía en un ataúd, lo más normal del mundo. La cosa estaba muy malita…
El gran Lugosi, venido a menos, tuvo que refugiarse en Ed Wood, el peor director de la historia. Él, que era fan de Lugosi, siempre encontraba algún hueco en sus películas, ya fuera para que interpretase a algún científico loco o a algún vampiro. A veces el papel de Bela no pintaba nada en la película, pero lo ponían de todas formas. Lo dicho: ¡birria, birria y birria! Más desastre todavía fue su última película con Ed, porque no llegó ni si quiera a terminarla., debido a su defunción. Bela falleció en Los Ángeles el 16 de agosto de 1956, con 73 años, de un ataque al corazón. Lo enterraron con el traje de vampiro, capa incluida, por deseo del actor en su testamento. Fue incinerado en el Holy Cross
Cemetery de Culver City, California. El film que dejó a medias fue Plan 9 from Outer Space. La terminaron intercalando tomas suyas, las que ya tenían anteriores a la muerte, con las de otro “actor”, que en realidad era el quiropráctico de la esposa de Ed, y no se parecía en nada a Lugosi. Por ello siempre aparecía tapándose la cara con la capa… Resultado: desastre absoluto.

R.I.P., hermano.
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