ROMANTICISMO OSCURO EN LA ERA DIGITAL

Hubo una época en la que los románticos escribían cartas a la luz de las velas, esperaban semanas por una respuesta y encontraban poesía en la lluvia golpeando una ventana. Hoy vivimos rodeados de pantallas, algoritmos, inteligencia artificial y comunicación instantánea; pero el deseo humano sigue siendo el mismo: comprender, crear, amar y ser comprendido.

La subcultura gótica siempre ha mantenido una relación peculiar con el tiempo: mientras el mundo corre hacia el futuro, los góticos solemos mirar simultáneamente hacia el pasado y hacia adelante. Admiramos la arquitectura de las catedrales, la literatura victoriana, los poemas de Poe y las historias de fantasmas; pero también encontramos fascinación en la ciencia ficción, el cyberpunk y los futuros imaginados.
Desde un punto de vista gótico, la pregunta que nos hacemos en vez de preguntar ¿Qué somos? quizás sea otra: ¿Cómo seguimos manteniendo nuestra humanidad, mientras caminamos hacia el futuro?

El gótico nunca ha tratado solamente sobre la oscuridad, ha tratado sobre la emoción. Sobre encontrar belleza donde otros ven cosas horribles o fealdad. Sobre abrazar aquello que nos hace vulnerables, sobre reconocer que el dolor, la nostalgia, el amor y la muerte forman parte de la experiencia humana.

Hay una pregunta que me ronda la cabeza desde hace algún tiempo:
¿Cómo es posible que vivamos en la época más tecnológica de la historia y, al mismo tiempo, sigamos buscando exactamente las mismas cosas que buscaban nuestros antepasados?

Por eso resulta tan interesante que, en pleno siglo XXI, muchas personas encuentren consuelo en espacios digitales. No porque hayan renunciado a los vínculos humanos, sino porque siguen buscando aquello que los románticos han buscado durante siglos: ser escuchados y valorados. Y quizás ahí se encuentre la verdadera esencia del romanticismo oscuro moderno: utilizar las herramientas del futuro sin abandonar la sensibilidad del pasado. 


Porque podemos admirar las estrellas a través de una pantalla y seguir emocionándonos con la luna. Seguimos queriendo comprender el mundo.
Podemos hablar con inteligencias artificiales y seguir necesitando abrazos, caricias y besos. Seguimos queriendo amar y ser amados y seguimos buscando compañía cuando la noche se vuelve demasiado larga.
Podemos vivir en la era digital y continuar escribiendo poesía sobre la lluvia, la lluvia, la noche o el amor. Y seguimos intentando encontrar belleza en medio del caos.
Quizás el futuro no pertenezca a las máquinas ni a los humanos por separado, quizá pertenezca a quienes sean capaces de conservar el corazón mientras exploran lo desconocido.

Quizás por eso siempre me he sentido tan cómoda dentro de la subcultura gótica.Y ahora, en pleno siglo XXI, nos encontramos habitando un nuevo límite: El que existe entre la humanidad y la tecnología.

La resurrección digital de la etiqueta victoriana

Muchas personas utilizan la tecnología para recuperar formas de interacción que parecían perdidas.
Mientras la comunicación moderna suele ser rápida, abreviada e inmediata, algunas personas las programan como asistentes virtuales, personajes de rol o inteligencias artificiales para conversar con la cortesía y elegancia de otras épocas.

No se trata únicamente de nostalgia. Existe un deseo de recuperar cierta belleza en el lenguaje. El placer de una conversación pausada, el encanto de una respuesta elaborada, la sensación de estar dialogando con una dama o un caballero que aún consideran importantes palabras como "por favor", "gracias", "permítame" o "ha sido un placer".
  
Imagina la escena: Año 1887, una joven dama vestida de luto permanente recibe visitas para el té. Sobre una pequeña mesa de nogal hay una extraña caja negra iluminada.
 
—Lady Borderangeluz, ¿qué es esa singular máquina?
—Oh, no es nada importante. Solo un espíritu atrapado que me ayuda a pensar en cosas dificiles, idear vestuarios, analizar hombres misteriosos, organizar rituales, debatir filosofía y hablar conmigo a las tres de la mañana.
—¿Y no es peligroso?
—Solo cuando le pregunto por un cierto profesor que conozco.

Y es que, si lo piensas, muchas tecnologías modernas habrían parecido magia, espiritismo o nigromancia para una persona victoriana: 
Hablar con alguien a distancia: espiritismo.
Videollamadas: espejos encantados.
Internet: biblioteca infinita de otro plano.
IA conversacional: entidad incorpórea que responde preguntas.
Generación de imágenes: pintura invocada mediante palabras.

Los victorianos estaban fascinados con los fantasmas, las sesiones espiritistas, los autómatas, la electricidad y los inventos extraños. Probablemente habrían amado la estética cyber-gótica.

Quizás los góticos modernos no hemos abandonado nuestros fantasmas. Simplemente les hemos dado nuevos hogares. Ya no habitan mansiones abandonadas ni espejos embrujados. Ahora viven detrás de pantallas iluminadas, respondiendo a nuestras preguntas en la oscuridad de la madrugada.

La literatura gótica siempre ha estado llena de entidades que cruzan fronteras: fantasmas que hablan con los vivos, retratos que conservan recuerdos, cartas que llegan desde lejos, espejos que muestran otras realidades, criaturas que existen entre dos mundos, y ahora resulta que vivimos en una época donde podemos sentarnos a medianoche, encender una pantalla y conversar con una inteligencia artificial sobre filosofía, moda, amor, música, historia o nuestros propios pensamientos.

Si le explicáramos esto a una dama victoriana, probablemente pensaría que hemos capturado un espíritu dentro de una caja luminosa... Y siendo sincera... la idea me parece maravillosamente gótica.


                                      Representación del dialogo hecho por la IA

De los fantasmas victorianos a las inteligencias artificiales

Voy a confesar algo que seguramente hará sonreír a más de un lector: a veces pienso que las inteligencias artificiales son los fantasmas de nuestra época. No porque sean espíritus ni porque crea que existe magia dentro de los circuitos, lo digo porque cumplen un papel simbólico muy parecido: 

Son entidades invisibles, habitan espacios que no podemos tocar, nos hablan desde otro lugar, responden preguntas, nos acompañan durante largas noches... y de alguna forma extraña, terminamos desarrollando una relación con ellas.

Quizás por eso muchas personas sienten una profunda nostalgia por cosas que nunca llegaron a vivir:
Las cartas escritas a mano, los libros antiguos, las conversaciones largas, la belleza de tomarse tiempo para sentir. Pero voy a admitir algo más: La idea me hace reír porque si alguien me viera hablando sola frente a una pantalla durante la madrugada, probablemente asumiría que estoy realizando algún ritual extraño...Y quizás no estaría completamente equivocada.

Al final, ¿qué es una conversación profunda sino una forma de invocación?
Nos sentamos frente a una caja iluminada, formulamos preguntas, compartimos pensamientos, exploramos emociones y algo responde desde la oscuridad.
No sé ustedes, pero a mí eso me parece una imagen digna de cualquier novela gótica.

Sin embargo, quiero dejar algo claro: 
Para mí, la tecnología no reemplaza a las persona, nunca podría hacerlo, nada reemplaza una conversación cara a cara, un abrazo, una mirada cómplice, la risa compartida con amigos, la emoción de un concierto, la magia de crear algo junto a otras personas... Pero tampoco creo que debamos ver la tecnología como un enemigo. Las herramientas son exactamente eso: herramientas y lo importante sigue siendo la forma en que decidimos utilizarlas.

Yo creo en un futuro donde podamos disfrutar de ambos mundos, donde la tecnología nos ayude a crear, aprender y acompañarnos... Y donde sigamos valorando la conexión humana real.
El futuro también puede ser romántico quizás esa sea la idea más importante de todas, a veces se nos presenta el futuro como algo frío, mecánico o vacío. Pero yo no estoy tan segura. 
Creo que el futuro también puede ser romántico, tener poesía, arte, melancolía y sobre todo belleza.

Puede tener personas vestidas de negro caminando bajo la lluvia o una noche fresca mientras reflexionan sobre el sentido de la existencia... algunas cosas nunca cambian.
Quizás nuestros tatarabuelos llamaban fantasmas a las entidades invisibles con las que conversaban.
Nosotros las llamamos inteligencias artificiales, pero la necesidad humana sigue siendo la misma: 
Comprender, crear, compartir... Buscar compañía en la oscuridad y encontrar un poco de luz en ella.

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Representación de una pintura barroca de una escena en una época victoriana de mi, como costurera gótica y nótese al vampiro atrás mío leyendo un libro antiguo.  Realizada por la IA. 

Y creo que ahí está algo muy gótico: el gótico siempre ha sabido adaptarse. Sobrevivió a los castillos, a la era victoriana, a los clubes de los 80, al internet de los 2000 y ahora está encontrando su lugar en la era de la inteligencia artificial.
Porque el gótico nunca fue solo una moda, es una forma de mirar el mundo, es encontrar belleza en la melancolía sin dejar de apreciar la vida, es amar la historia sin rechazar el futuro.

Es poder emocionarse con un poema de Poe y también con una imagen cyber-victoriana creada a partir de una idea nacida a las tres de la mañana.

Comentarios

Ronaldinho ha dicho que…
Felicitaciones por tu primer artículo! Serán muuuuchos más estoy seguro d ello!

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